sábado, 11 de julio de 2026

Mounier y la revolución educativa del humanismo integral


Les propongo la lectura del texto de un amigo:

Domingo Moratalla, A. (2026). Mounier y la revolución educativa del humanismo integral. Claves para un aniversario. En P. J. Grande Sánchez y L. Ferreiro (eds.), Persona y comunidad. Filosofía y acción en Emmanuel Mounier (Colección Persona, nº 84, pp. 61-74). Salamanca: Fundación Emmanuel Mounier. 

A mi juicio:

El trabajo de Agustín Domingo Moratalla constituye una reflexión filosófico-pedagógica con motivo del 120.º aniversario del nacimiento de Emmanuel Mounier. Su tesis principal sostiene que el personalismo comunitario no pertenece únicamente a la historia de la filosofía del siglo XX, sino que ofrece categorías intelectuales especialmente fecundas para afrontar los desafíos educativos, culturales y políticos del siglo XXI. El autor interpreta el pensamiento de Mounier desde la categoría de humanismo integral, mostrando que la educación constituye uno de los ámbitos privilegiados donde dicho humanismo puede desplegar toda su potencialidad. 

El artículo comienza con un reconocimiento a la tradición española de estudios mounierianos, particularmente a Carlos Díaz y al Instituto Emmanuel Mounier, cuya labor permitió recuperar y difundir el pensamiento personalista cuando éste permanecía relativamente olvidado en el panorama filosófico español. Desde esta perspectiva, el aniversario de Mounier no se presenta como una simple conmemoración histórica, sino como una ocasión para actualizar la fuerza crítica y constructiva de su propuesta intelectual. 

Uno de los ejes más relevantes del estudio consiste en mostrar la influencia decisiva de Charles Péguy sobre la concepción educativa de Mounier. Moratalla recuerda que la crítica de Péguy al intelectualismo, al burocratismo escolar y al academicismo inspira una pedagogía centrada en la formación integral de la persona. La educación aparece así como una tarea orientada no sólo a la transmisión de conocimientos, sino a la formación del carácter, la libertad, la responsabilidad y el compromiso comunitario. 

Frente a las reducciones contemporáneas del humanismo —ya sean de carácter tecnocrático, economicista o individualista—, el autor propone recuperar lo que denomina un humanismo reivindicativo, capaz de integrar razón, afectividad, cuerpo, comunidad y trascendencia. En este contexto distingue cuidadosamente el humanismo cristiano de Mounier tanto del humanismo burgués como de determinadas interpretaciones secularizadas que reducen la persona a individuo autónomo o mero sujeto de derechos. La persona, para Mounier, es siempre una realidad relacional, histórica, corporal y abierta a la trascendencia. 

Moratalla dedica una parte importante del artículo a explicar el potencial organizador del humanismo integral dentro de las instituciones educativas. La educación no debe limitarse a preparar profesionales competentes ni ciudadanos funcionales, sino contribuir al desarrollo armónico de todas las dimensiones de la persona. Ello implica integrar saber científico, formación ética, sensibilidad cultural, responsabilidad política y apertura espiritual en un proyecto educativo coherente. Desde esta perspectiva, el humanismo actúa como principio vertebrador del currículo y de la organización escolar. 

Otro aspecto especialmente novedoso del trabajo es la aplicación del personalismo al contexto de las democracias pluralistas actuales. El autor sostiene que el personalismo comunitario ofrece criterios para superar la creciente polarización ideológica y la fragmentación social. Inspirándose tanto en Mounier como en Jacques Maritain y dialogando con autores contemporáneos como John Rawls y Jürgen Habermas, propone entender la educación como un espacio donde puede construirse una cultura del encuentro basada en máximos éticos compartidos sin renunciar al pluralismo político y religioso. 

En los apartados finales se desarrolla una reflexión sobre la relación entre fe y razón. Moratalla subraya que el humanismo integral de Mounier no representa una confesionalización de la filosofía, sino una comprensión ampliada de la racionalidad humana. La tradición cristiana aparece como un horizonte que enriquece la comprensión de la persona sin sustituir el ejercicio autónomo de la razón filosófica. Esta síntesis entre racionalidad, experiencia histórica y apertura trascendente constituye, a juicio del autor, una de las aportaciones más originales del personalismo mounieriano. 

La conclusión recupera el concepto de “humanismo dramático”, formulado por Mounier a finales de la década de 1930. Frente a las diversas formas de nihilismo, tecnocracia o materialismo contemporáneos, Moratalla sostiene que el personalismo sigue ofreciendo una propuesta profundamente actual: una filosofía comprometida con la dignidad de cada persona, con la construcción de comunidades vivas y con una educación entendida como proceso permanente de humanización.

Juan Pedro Rivero González
Universidad de La Laguna

No hay comentarios:

Publicar un comentario